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MARTA MATAMOROS
Marta Matamoros, costurera,
de manos finas, pero duras,
de blando corazón
mas de conciencia fuerte.
Ella creyó en la vida
y en sus pequeñas cosas,
pero también en el amor
y en las amargas lágrimas.
Las noches y los días
cruzaron a su paso, como relojes sórdidos
con el sabor amargo y dulce
en cada palabra de sus labios criollos.
De su belleza,
no era fácil penetrar
el profundo paisaje de sus ojos,
porque de noche estaban llenos
de un reguero de estrellas infinitas.
Iba por un camino recio,
un día cualquiera, cuando de pronto,
de su taller de sueños,
brotó una manta roja, transparente,
que la fue llevando, como en andas,
mientras adelante oía los gritos
de los suyos…
Eran las cataratas de protestas
de los claveles pobres,
de las rosas marginadas,
de los jazmines proletarios…
Volvió su rostro atrás,
y le seguían un susto de perros desclasados,
y unos blancos señores con enormes uñas,
que le acusaban, y con ellos,
además, entre las sombras,
un pardo ejército
marcaba los destinos
de cada rosa y clavel,
con sucias palabras en inglés.
Y, sin embargo, miren,
allí está la Marta
Como un roble, de frente y su bandera.
Ante el abismo oscuro de la patria
y del manojo de gentes confundidas,
ella entonces
dobló a la izquierda,
con su ramo de rosas encendidas,
su tijera y su dedal
junto a Domingo y José del Carmen
y todo el sindicato de claveles.
Nunca calzó las botas
de las siete leguas
y desde entonces vino
caminando por todas las desgracias
y penurias de su clase;
mas sin bajar la frente,
sin pedirle perdón a los patronos
sin arrodillarse ante el poder
de los amos locales o los gringos extranjeros.
Se dio cuenta que la vida florecía,
panes y flores
con las manos de las gentes,
aunque la riqueza, como un río
iba a llenar las cajas de otras manos
dividiendo la verdad
en dos estancias:
arriba, los ricos de los cielos
y abajo, los pobres de la tierra.
Pero como de todos modos y al final
Los últimos pobres serán los primeros,
al igual que Jesucristo y Carlos Marx,
ella como la raza de los pobres,
se puso un lazo rojo en los cabellos
y a diferencia de otros que cambiaron
su escarapela por un trapo azul,
ella, la Marta
allí está
como un roble, de frente y su bandera.
No fue su vida risa,
ni gozo, ni jolgorio…
la democracia le golpeó muy duro el corazón;
la libertad, la recluyó en la cárcel;
la justicia la despidio de su trabajo.
La moral. La asedio por camarada.
Mas, a persar de todo
miren, ella, la Marta
allí está
como un roble, de frente y su bandera.
Marta
la de los ojos sindicales
y las manos del taller,
la de su abrazo solidario con los pueblos
era, sobre todo, la mujer
que desde viejos días reivindicaba esa palabra,
mujer, obrera y madre,
de la madre soltera, con sus niños,
y los yugos en sus hermosas cabelleras,
y el juego de par a par, cada pedazo
con el resto de los hombres de la tierra.
Por eso y ser mujer,
a pesar de su dulce corazón de orquídea
ella la Marta miren:
allí está
como un roble, de frente y su bandera.
Las niñas y los niños
aprenderán esa lección bonita;
corregirán con su nombre las tareas;
abrirán en la oscuridad una ventana
para hallar, en el camino, como un cuento,
la patria de hadas que tanto se ha buscado
y que Marta forjó con sus agujas,
en la misma tela de sus manos
a pesar de que sangraron tantas veces.
Mas, la verdad es terca,
Su corazón también,
Por esa la Marta de esta historia
Está allí, en su pueblo, miren:
Como un roble, de frente y su bandera.
Panamá, 11 de abril de 1995.
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